Hilario Ascasubi, una de las figuras más trascendentes de la literatura y la historia argentina. Hijo del comerciante español Mariano de los Dolores Ascasubi y de la cordobesa Loreta de Elía, llegó al mundo en circunstancias singulares: sobre una carreta, en medio de una tormenta, en el sector donde hoy se emplaza la pirámide ubicada sobre el boulevard que lleva su nombre.
Ocurrió un día como hoy hace 219 años. En palabras de Ricardo Rojas en Historia de la literatura argentina, Ascasubi llegó al mundo “sobre el salvaje lecho del herbazal pampeano”.
La aventura que rodeó su nacimiento marcó su vida. Además de poeta gauchesco, Ascasubi fue periodista, militar, político y diplomático. También se hizo tiempo para emprender.
Durante su adolescencia comenzó a viajar por el territorio nacional, América y Europa y ejerció distintos oficios.
Unitario y feroz detractor de Juan Manuel de Rosas, participó en contiendas civiles a las órdenes de Gregorio Aráoz de Lamadrid y de Juan Galo de Lavalle.
Estuvo preso. En 1832 huyó a Montevideo, Uruguay. Pasó dos décadas en el país vecino, donde fabricó pan e hizo dinero, parte de cual usó para fondear acciones de los generales unitarios.
Paulatinamente afirmó sus cualidades de poeta gauchesco y en 1846 dio a conocer su obra Paulino Lucero.
Cuando Justo José de Urquiza se pronunció contra Rosas, se incorporó al Ejército Grande como ayudante de campo. Luego fue edecán del general entrerriano, quien lo ascendió a coronel después de la batalla de Caseros. Ascasubi peleó con la espada y la pluma para animar a los soldados.
A partir de 1860 y hasta su muerte en Buenos Aires, el 17 de noviembre de 1875, fue y vino de Europa. En París, Francia, se vinculó con celebridades de la literatura y la política.
Ascasubi fue el primero de los grandes poetas gauchescos y su labor le abrió camino al Fausto de Estanislao del Campo y al Martín Fierro de José Hernández.
Su vida y su obra forman parte del patrimonio cultural de Bell Ville y constituyen un motivo de orgullo para toda la comunidad.
